Este equipo de paleontólogos buscaba huesos de cocodrilos en las orillas del río Napo, en Loreto, cuando uno de los investigadores notó algo inusual en una pared de tierra. Era 2018 y estaban en los últimos días de la expedición, llevaban semanas recorriendo más de 300 kilómetros de selva. Sin saberlo aún, acababan de encontrar al delfín de río más grande que haya existido sobre la Tierra.
Un hallazgo que no estaba en el plan
El cráneo que emergió de esa pared medía casi 80 centímetros. Seis años de análisis después, en marzo de 2024, la revista Science Advances publicó los resultados, se trataba de una especie completamente nueva para la ciencia. La bautizaron Pebanista yacuruna y poco después ganó el reconocimiento de los Récords Guinness por su impresionante tamaño. Medía entre 2,8 y 3,5 metros de largo y vivió hace aproximadamente 16 millones de años. Según registros, hasta el momento, ningún delfín de agua dulce conocido lo supera en tamaño.
Un pariente en el otro extremo del mundo
Lo lógico hubiera sido que este gigante amazónico fuera pariente del delfín rosado, el bufeo, que todavía nada hoy en el Amazonas, pero no. El Pebanista yacuruna está más emparentado con el Platanista, un delfín que habita los ríos del sur de Asia, a más de 10,000 kilómetros de distancia. Pero, ¿por qué dos animales separados por océanos y continentes, están unidos por la misma historia evolutiva?
Para entender cómo llegó este animal hasta aquí, hay que poner a un lado el mapa de la Amazonía que tenemos en la mente, pues esta especie habitó en una Amazonía muy distinta a la que conocemos.
Durante el Mioceno, hace entre 23 y 8 millones de años, el oeste de América del Sur era irreconocible. No había río Amazonas, en su lugar, existía un sistema enorme de lagos, pantanos y canales que cubría lo que hoy son Perú, Colombia, Ecuador y parte de Brasil. Eso era el sistema de Pebas.
Todo cambió con la conformación de los Andes. A medida que la cordillera se levantó, bloqueó el flujo de agua hacia el Pacífico y la atrapó al este. El agua se acumuló y, según indican las investigaciones, la biodiversidad de esa época habría superado incluso a la Amazonía actual. En ese mismo sistema nadaban tortugas acuáticas del tamaño de un auto y cocodrilos colosales.
Ese mundo duró millones de años. Pero los Andes continuaron subiendo y el sistema Pebas empezó a secarse y fragmentarse. Los grandes cuerpos de agua se convirtieron en ríos. La selva tomó el lugar de los pantanos. Y con ese cambio, buena parte de esa fauna extraordinaria desapareció, incluido el Pebanista. Lo que sobrevivió, y se adaptó, dio origen a la Amazonía moderna. Entonces, lo que hoy vemos como selva densa e impenetrable fue, durante millones de años, un extenso mar.
Nombrar a una especie amazónica
Ponerle nombre a una especie nueva es siempre un acto con intención. Yacuruna es una palabra quechua. Yaku significa agua, runa significa hombre o gente. En la mitología de pueblos como el shipibo-konibo, yagua, asháninka entre otros, el Yacuruna es una de las figuras más poderosas y temidas de la selva baja, un ser que habita las profundidades de los ríos, que gobierna sobre los animales acuáticos, que viaja de noche montado sobre un cocodrilo negro con una boa enroscada al cuello.
Que un término en lenguas originarias haya entrado a la revista Science Advances no es un detalle a ignorar. La taxonomía científica carga el historial de ignorar los nombres que los pueblos locales ya le habían dado a su entorno. Sin embargo, esta nueva generación de investigadores peruanos eligieron anclar el descubrimiento en la memoria oral de las comunidades que hoy siguen viviendo en esos mismos ríos.
El cráneo del Pebanista yacuruna está hoy en el Museo de Historia Natural de la UNMSM, en Lima, abierto al público. Además de un hito paleontológico, representa la constatación de que la Amazonía esconde historias que aún no terminamos de descubrir.
El cráneo del Pebanista yacuruna está hoy en el Museo de Historia Natural de la UNMSM, en Lima, abierto al público. Además de un hito paleontológico, representa la constatación de que la Amazonía esconde historias que aún no terminamos de descubrir.
Para Aldo Benites-Palomino, paleontólogo de la Universidad de Zúrich y autor principal del estudio, los fósiles peruanos están reescribiendo la historia evolutiva de animales cuyo pasado creíamos conocer.
El paleontólogo Rodolfo Salas-Gismondi, especialista en cocodrilos e investigador del Museo de Historia Natural de la UNMSM, lideró la expedición Río Napo 2018 con el auspicio de la National Geographic Society. Y en 2024 publicó el primer libro de paleontología de vertebrados del Perú “Vertebrados fósiles del Perú: archivos sobre el origen de la biodiversidad”.