Desde que se tiene registro, nunca el fuego había sido tan extenso, tan severo ni había cubierto tanto territorio como en la histórica crisis de 2024. En el pico de la catástrofe, 7 821 focos estuvieron activos al mismo tiempo entre Bolivia, Brasil, Paraguay, Argentina y Perú, según datos del Instituto Brasileño de Investigación Espacial (INPE). En total, el fuego arrasó con 2,8 millones de hectáreas de bosque tropical, más de un millón por encima del récord de 2016.
No es natural que la Amazonía arda en llamas
La Amazonía es una de las regiones más húmedas del planeta, donde el fuego, en condiciones normales, no prospera. Los cerca de 390.000 millones de árboles que la habitan liberan 20.000 millones de toneladas de agua al aire cada día. La inmensa cantidad de agua que transpiran los árboles se combina con el vapor que llega del Atlántico. Y juntos forman los ríos voladores, enormes corrientes que el viento arrastra hasta que caen como lluvia a miles de kilómetros. De ese ciclo invisible dependen 670 millones de personas en América Latina.
Pero cuando este equilibrio se rompe, el fuego avanza. La sequía que atravesó la Amazonía en 2024, la peor en más de medio siglo, con El Niño como agravante, según la Organización Meteorológica Mundial. A esto se suma que, en toda la región, la enorme mayoría de los incendios tiene origen humano. En el Perú son el 98%, según el Ministerio del Ambiente.
Detrás hay un modelo que mide la Amazonía por los metros cuadrados disponibles para la producción. Para las industrias ganaderas y los agronegocios, quemar es la forma más rápida y barata de despejar tierra y maximizar sus márgenes de ganancias. En 2024, con regulaciones ambientales debilitadas en varios países y, en el Perú, con la entrada en vigor de la Ley Antiforestal, ese modelo encontró un escenario propicio para expandirse.
Las pérdidas en Perú
En Perú, el fuego llegó a 22 de las 24 regiones. Aun así, el gobierno tardó varias semanas en declarar el estado de emergencia en Amazonas, San Martín y Ucayali. Veinte personas perdieron la vida, y se estima que más de 17,000 se vieron afectadas. Las pérdidas en fauna se estiman en 370, incluyendo especies endémicas y en peligro de extinción. El plan de prevención y reducción de incendios forestales a cargo de SERFOR venció en 2022 sin ser renovado.
La ola verde: de la indignación a la acción
Restaurar significa entender la lógica de cada ecosistema antes de intervenir, porque cada uno perdió algo distinto y necesita algo distinto para volver a funcionar. Y los animales que sobrevivieron al fuego, cientos de ellos, necesitan atención especializada. Un primate no se recupera igual que un ave, y una especie bajo estrés severo puede empeorar por un manejo equivocado. Nada de esto es fácil y, sin embargo, vale la pena. La naturaleza tiene una capacidad extraordinaria de regenerarse, y lo que nos toca a nosotros es acompañarla y defenderla.
Por eso nos unimos a la Ola Verde junto a Yunkawasi, una asociación con 17 años de trabajo en conservación de biodiversidad, con el objetivo de convertir donaciones en respuestas técnicas y sostenidas.
Nuestra cobertura alcanzó a más de 7 millones de personas en redes sociales y, gracias al apoyo de las personas que se unieron a la Ola Verde, recaudamos más de $42.000 en donaciones para Yunkawasi. El 100% de ese monto se transformó en:
- Un centro de rescate para la fauna silvestre afectada por el fuego, habilitado como infraestructura permanente para especies rescatadas del tráfico ilegal.
- 8 brigadas forestales comunitarias capacitadas en prevención y combate de incendios forestales en 8 localidades, cada una con equipamiento completo de bombero forestal.